La primera fotografía que llegó al pueblo fue un acontecimiento, no llegó la maquina, llegó en el bolsillo del abuelo, de cuando era más joven. Sin darse cuenta lo sacó del saco y se lo enseño.
Ella lo miró tocó los bordes y solo dijo gracias.
Él se quedó mirando su mirada y no sabía que decirle, cómo excusarse, que decirle de su ausencia, cómo explicarles las guerras, las ovejas en el campo andaluz ni los 2 mares que había cruzado para regresar al punto en donde inició y dar media vuelta. Su propia fotografía era una maldición, era su único testigo, detrás de su perfil se encontraba el mundo que había recorrido buscándola, para encontrarla en el lugar de siempre, en el pasado.
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